Cómo tener un parto natural en Monterrey

Cesáreas Innecesarias en Monterrey, México.

México ocupa el quinto lugar a nivel mundial de los países con mayor proporción de cesáreas. En México, 45 de cada 100 nacimientos son por cesárea. Esto es, el triple de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Y quiere decir que dos de cada tres cesáreas realizadas, son innecesarias.

Nuevo León es el estado que más aporta a este porcentaje. Con lo que Monterrey se corona como “la capital de las cesáreas”.

Pero bueno, eso nada más para que se den una idea de cómo esta la cosa. Realmente mi intención no es tratar de “convencer” a las mamás que ya eligieron la cesárea como su mejor opción de lo contrario, sino, ayudar de alguna manera a las mamás que darían lo que fuera por lograr un parto.

Como ya les conté en este video, mi hija Maya nació por cesárea. A pesar de mis repetidos recordatorios al ginecólogo de que yo quería la oportunidad de un parto.

Después de darme cuenta que mi cesárea se llevó a cabo para que el médico asegurara su viaje vacacional de Semana Santa, me dije a mí misma, “mí misma, esto no vuelve a pasarme”.

Así que cuando quedo embarazada de Lambda, tomé cartas en el asunto y me aseguré de tener todo a mi favor para lograr el parto. No quería que quedara en mí, si había que optar por la cesárea.

Orgullosamente puedo decir que ¡lo logré! (aquí la historia completa de mi parto con fotos y videos).

Estos puntos son los que considero cruciales para lograr un parto natural y humanizado, incluso aquí en Monterrey, México. Incluso con cesárea(s) previa(s):

¿Qué necesito para tener un parto natural?

1. Ginecólogo pro parto y humanista

Es a esta persona a quien confiarás el bienestar y la vida de tu bebé y tuya. Asegúrate de que tiene un historial de partos y si es tu caso, que tenga experiencia en partos después de cesáreas. Una buena señal para saber si realmente es un médico pro parto es que te cancele citas de último minuto. Por el contrario, si tu ginecobstetra te hace alguno de estos comentarios, es mala señal (¡Corre, huye lo más pronto posible con otro médico!): “Eres muy pequeña, el bebé no va a caber”, “Si todo sale bien, hacemos parto natural”, “La cabeza del bebé está muy grande”, “El bebé viene muy grande”, “El cordón está enredado”, “Hay poco/mucho líquido amniótico”.

2. Educación prenatal para mamá y papá (o acompañante)

¡Prepárense! Tomar un curso en el que les expliquen cómo se desarrolla un embarazo, parto, cesárea. Todo lo que implica cada uno de estos procesos, las complicaciones que pueden presentarse, las señales en las que hay que poner atención, etcétera. Te quitará muchos miedos y te dará las herramientas necesarias para saber reconocer si tu médico está tomando el mejor camino para ti y tu bebé y no para él. Te sentirás mucho más capacitada para saber cómo detectar y qué hacer ante una posible emergencia. Y le dará a tu pareja o acompañante la tranquilidad de saber qué hacer y cómo apoyarte. Solo asegúrate que quien te imparta el curso tenga una certificación por una institución reconocida. (Por lo general están certificados por Lamaze).

3. Doula

Una doula es una mujer que brinda apoyo físico y emocional a otras mujeres durante el embarazo, parto, pos parto, lactancia. Durante el trabajo de parto te apoya con técnicas para manejar el dolor como respiración, relajación, masajes, posturas, etc. Guía a tu pareja o acompañante para que este pueda brindarte apoyo oportuno, para que pueda también participar de forma activa en el nacimiento del bebé, sin entorpecer el trabajo y la tranquilidad de la madre. Es una defensora del bienestar y los deseos de la madre, el bebé y el padre. Una vez que nace el bebé, te ayuda a establecer la lactancia y sigue brindándote apoyo durante el posparto.

4. Hospital Humanista

El lugar en el que planeas tener a tu bebé también es importantísimo. No te vayas solo por el hospital “más bonito”, si no por el hospital que respetará tus deseos y plan de parto. Nosotros estuvimos en hospitales diferentes para el nacimiento de cada una de nuestras hijas.

En el primer hospital no cuentan con sala LPR (Labor-Parto-Recuperación), y en la sala de labor solo era permitido que entrara una persona contigo. La habitación era súper grande, bien equipada, la regadera parecía de hotel, tenía una sala en mi propia habitación, la atención fue muy buena. Pero recuerdo cómo me sacó de onda el hecho de que yo tenía que aclarar a las enfermeras que estaríamos con lactancia exclusiva. En ese hospital “la regla” era alimentar con fórmula. También, la enfermera “especializada en lactancia” me sugirió “complementarle con fórmula, porque todavía no me salía suficiente leche”. Por las noches era obligatorio que se llevaran a mi bebé a cuneros para que yo pudiera recuperarme de la cesárea. Suena muy lindo, pero lloré la primera noche que se llevaron a mi bebé! Sentí horrible al pensar que iba a estar solita sin nadie que la amara. Al recordar ese momento nos reíamos porque en verdad no podía parar de llorar, se lo atribuíamos a las hormonas. Ahora entiendo que no era más que mi instinto maternal y que tenía toda la razón de sentirme así. No tenían porqué separarme de mi bebé tantas horas.

En la segunda ocasión, elegimos otro hospital. Mi parto fue en la sala LPR, y en todo momento me acompañaron Alan, mi esposo y Eli, mi doula. Nosotros solicitamos estancia conjunta, por lo que en ningún momento nos separamos de la bebé. La habitación era mucho más pequeña (y eso que teníamos la habitación “superior”), no tenía salita y no era particularmente bonita. Recibí excelente atención por parte de las enfermeras y personal en general. En este hospital me preguntaron si daría pecho a mi bebé y la enfermera especializada en lactancia fue a visitarme todos los días para saber cómo iba todo (esta vez yo ya era una pro, llevo tres años amamantando y ahora en lactancia tándem), pero aún así la enfermera no dejó de visitarme.

Realmente no puedo decir que recibí un mal servicio en el primer hospital. Pero no sacrificaría el parto, ni la compañía de mi doula, ni el no haberme separado de mi bebé, por las pequeñas monerías que pueden hacerte optar por la primera opción a simple vista.

5. Tu mentalidad y actitud sobre el parto

Si no tienes bien claro lo que quieres, ni la seguridad de que eres completamente capaz de hacerlo, será mucho más difícil lograrlo. Es normal sentir miedo, en especial si eres primeriza en esto, pero no dejes que el miedo se apodere de tu mente. El miedo te hará sentir más dolor. El miedo no dejará que el proceso fluya. El miedo nublara tu criterio. Medita, reflexiona y haz tuya la creencia y la confianza de que tú puedes hacerlo. De que eres quien tiene el control de tu cuerpo y tu mente. De que el dolor no es sufrimiento.  Una vez que tú misma te creas que tienes el poder, no habrá nada que te detenga. Tienes que creértelo.

Estos cinco puntos los considero claves para haber logrado el parto natural y humanizado en agua que logré tener con una cesárea previa en “la capital de las cesáreas”.

En algún punto lo creí imposible, pero no fue así. ¡Sí se puede!

¿Darías lo que fuera por lograr un parto natural? ¿Creías que era imposible lograrlo, porque al final todas terminan en cesárea? Cuéntame en los comentarios.

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